Huido Castillo: la estrella que se apagó

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Por Oscar Garrido Aravena

”Mi papá siempre me dice que el contención cotizado es el que hace goles”. Huido Castillo Pardo sonríe exhausto, acaba de convertir una tripleta. Es el sábado 5 de abril del 2014, a un costado del Cerro 18 en el sector oriente de Santiago, la Sub-15 de O’Higgins consigue tres puntos tras golear por 6-1 a Barnechea.

Fue el primer hijo de una pareja joven, nació cuando ella tenía 16 años y él 18. Cuatro años más tarde llegó a vivir a la Villa Cruz Roja en Graneros, ahí, en una cancha de cemento jugó sus primeros partidos. “Comenzó jugando al arco. Siempre fue el primero que elegíamos porque era el mejor”. Cuando llegó a O’Higgins sus amigos le pidieron que no se agrandara. Él no cambió, después de entrenar volvía para jugar con los de siempre.

A los doce años probó suerte en el equipo celeste. Tuvo que ir muchos jueves hasta que un día Manuel Alarcón lo dejó con el compromiso de mejorar en lo físico. De ahí en más no paró, su esfuerzo le permitió mezclar su capacidad técnica con un despliegue donde no daba balón por perdido.

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Huido Castillo en un duelo ante Audax Italiano en el Monasterio Celeste.

Los fines de semana, sus padres se turnaban para salir temprano en bicicleta e ir a dejarlo a la carretera. Ahí esperaba el bus que transportaba a su equipo cuando jugaban en Santiago. En la misma bicicleta lo traían devuelta a casa cuando se ponía la camiseta del Club Deportivo San Ramón, su equipo en Graneros. Ocupó siempre la 13, la misma que su padre,  su único gran ídolo en el fútbol.

“Prefiero zapatillas para mis hermanas”. Un día, su papá se consiguió cien mil pesos y lo llevó a Santiago para que comprara zapatos de fútbol. Huido se negó, buscó un par barato y con el resto eligió zapatillas para Blanca y Maira. Volvió feliz a Graneros.

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Huido Castillo junto a Nicolás Urzúa, celebrando el título del Apertura Sub-15 en el 2014.

Es el 16 de octubre del 2014 y el calor no da tregua en Requínoa. La Sub-15 empata ante Unión Española y desde la galería insultan al 13 celeste. El público se pelea, Huido algo advierte, pero sigue jugando. Al otro día se entera que le gritaron por su color de piel, solo se ríe y le cuenta a su mamá. Ella menea la cabeza, sabe que él se siente orgulloso de ser como es.

En el camarín, el negro era la alegría del equipo. Cantaba y bailaba provocando risas de sus compañeros, los mismos que alguna vez llegaron a su casa buscando un consejo. Aunque jamás se calló cuando algo no le parecía, tenía un carácter fuerte. En un entrenamiento ganó una apuesta, pero le dijeron que como él no pagaba tampoco le pagarían. Se enojó, dijo que él no jugaba por plata.

Terminó con 6,3 cuarto medio. Le gustaban las matemáticas. Se esforzaba porque sabía que sus padres se preocupaban, querían algo distinto para él. Quizás por eso en el verano se levantaba temprano y trabajaba, en lo que fuera. Aunque a veces le significara llegar corriendo a entrenamiento, equipándose camino al Monasterio Celeste.

Antes de volver a entrenar, hizo su propia pretemporada. Se esforzó por mejorar aún más físicamente, corría todos los días. Solo pidió a sus padres jugar a la pelota dos años más.

El 2013, Huido regresó a la sexta región junto a su serie tras ver por primera vez en la historia a O'Higgins campeón.
El 2013, Huido regresó a la sexta región junto a su serie tras ver por primera vez en la historia a O’Higgins campeón.

Huido Sebastián Castillo Pardo fue campeón con O’Higgins en la categoría Sub-13 en 2012 y bicampeón el 2014 con la Sub-15 celeste. El 10 de enero del 2016 falleció en un trágico accidente automovilístico.

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